El otro día mientras le hacía una pedicura a mi amiga Bea nos pusimos al día de todo un poco, como siempre pasa acabamos hablando de Instagram y de gente a la que seguimos (o no) y después de contarme la última aventura de X me la quedé mirando y le dije “tía Bea, ¿tú sabes de cuantos embarazos va a tener la culpa Instagram?”.

Puede parecer una chorrada pero si eres asidua a esta red social y sigues el mundo petardo de las Instamamis tendrás que reconocer que algo de razón tengo. Y SÍ, también puedes estar pensando “¿oye maja, no eres un poco hipócrita?” Pues chica, no creo. Cuando me refiero al modo petardo lo digo por el rechazo que me produce ver un anuncio con patas y con fotógrafo en plantilla que retrata en el país de las fantasías y los unicornios vomitadores de purpurina el día a día de la maternidad, pero de la maternidad falsa.

Yo no quiero ver lo maravilloso que te queda el pelo con el champú del super de la esquina mientras luces un jersey que vale tropecientas veces más, tampoco quiero verte descuajaringándote -patada al diccionario- la espalda en tu cocina sin manchas mientras con una pose casual y muy topemegachic miras como tu retoño observa la comida en el plato mientras un halo de luz le da directamente en los ojos para que veamos lo azules que los tiene, el destello que el sol le da a su pelo cobrizo a la vez que todas las marcas de lo que sale en la foto están mirando a cámara limpias y relucientes.

Yo lo que quiero ver es el fregadero amontonado, la maraña de pelo mañanero y la legaña en el ojo mientras preparas la bolsa de la guardería/cole, las carreras vistiéndote un poco en cada habitación mientras tropiezas mil veces con los pu…ñeteros legos/cubos/perros de la patrulla canina, la carrera por la calle para no llegar tarde aunque siempre lo hagas, quiero leer algún taco, saber que si te pinchan tienes sangre y que eres consciente de lo jodida que puede llegar a ser la vida de tu hijo/a después de hacernos participes de hasta el primer pedete que se tiró. Los niños pueden ser crueles, pero las madres envidiosas más, piénsalo.

Cuando me quedé embarazada y abrí este blog siempre supe que no llegaría a ser una mujer anuncio, venderme no me va. Aplaudo la que hace publicidad de todo cuanto la rodea siempre y cuando lo diga, si tienes una buena posición económica que te permite llevar a alguien que te haga fotos ¡felicidades!, pero Instagram cada vez está más lleno de clubes de fans llevados por crías que idolatran a una persona totalmente falsa que solo enseña lo que quiere, los comentarios son un sin sentido de ojalá fuera como tú, que bonit@ es mi niñ@ (dirás el suyo), que guapa eres, como alguien te critique le hago vudú, no es real.

No eres real.

Hace poco se montó gorda porque -y te quedaste corta- Samanta Villar dijo que la maternidad restaba calidad de vida. Puedes o no estar de acuerdo con esa afirmación, pero sinceramente prefiero tener un debate sobre lo que dejas atrás cuando das vida a otra persona que leer las absurdeces de quién no proyecta más que un abominable complejo de inferioridad que necesita adulación constante para sentirse alguien. ¿Qué pasará cuando se apague el móvil? ¿Cómo se toman el perder followers? ¿En qué caja meterán el champú y sacarán el que usen realmente?

Te lo repito, no eres real.

 

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3 comments on “De mayor quiero ser… Instamami”

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